Aunque es una posición mas que metafísica, y digo <mas> porque ni si quiera es una explicación "divina" o "no comprobable fácticamente o científicamente" a un hecho que se da en la realidad, es una hipótesis y es esta: Perón se equivoca. Perón se equivoca al no morir trágica, mística, espectacular y revolucionariamente. La mejor solución no política al retorno de Perón y a su figura era que el avión se estrellara. El avión salía de Madrid de madrugada. Debería llegar a Ezeiza el mismo día, 20 de Junio, un poco pasado el mediodía. Había una tormenta al salir de Madrid que no tenía precedentes, sin embargo el avión salió igual. A las 3 horas de vuelo el comandante de abordo informa a la torre de control madrileña que por cuestiones de seguridad debían volver, ya que a 5mil pies de altura podrían congelarse los motores debido a… Bien, todo eso no pasó. Perón volvió. El avión no se cayó. Perón volvía con un plan estratégico claro y conciso <eliminar a la juventud socialista y revolucionaria> ya que eran los que le podían disputar poder real. Para ese momento se había armado, frente a sus ojos, un aparato parapolicial (AAA) y represivo liderado por López Rega, un miserable hombre que de peronista poco y de cínico torturador más que mucho.
Cuando fue la masacre de Ezeiza, con franco tiradores apostados desde varios lados – dicen que también fuerzas de elites francesas, policía armada, soldados de la triple A y mercenarios cegetistas, la tendencia revolucionaria sintió profundamente la deconstrucción de todo un proceso: años de lucha, compañeros caídos, concientización (es discutible, como todo, pero más que lo demás) de las masas. Una deconstrucción que se daba desde adentro y otra que se daba desde afuera. Una interna y una externa. Digamos: ese fue el gran genio de Perón. Desde el exilio, mantener a dos fuerzas antagónicas (y que dieran la vida por su líder) sin mayores sobresaltos. Y cada fuerza pensaba que Perón era suyo. No yerra el tango cuando dice “en la cancha se ven los pingos” o “en Ezeiza se ven los pingos”.
Por eso la deconstrucción montonera es interna y externa. Interna: porque era el líder de su movimiento, por el que habían dado la vida, por el que levantaron las banderas de los fusilados de José León Suarez, el que los llama a la <guerra de guerrillas>, el que ahora los traicionaba y les tendía una trampa que terminaría en la clandestinidad montonera. Interna, una vez más, porque el mismo que había construido todo ese accionar revolucionario ahora lo condenaba al fracaso, a la muerte, al exilio, a la persecución y muerte. Externa, casi por lo mismo que interna: porque en verdad lo que parecía interno era externo. Perón era externo a un proyecto socialista y a Cámpora (no sé porque, no viví esa época y no conozco a Allende, pero siempre me dió la sensación que Allende quería para Chile lo que Cámpora para Argentina). Lo que parecía externo era interno porque había personajes como Lopez Rega, que nadie hasta Ezeiza e incluso después, podría pensar que era un títere de Perón. Ese Perón que llamaba a Guevara el mejor de los nuestros. Externa porque la SIDE y la CIA llevaban años planificando y viendo los mejores momentos para golpear y lo encontraron sin duda: “Lanusse- Perón, están pactando afuera pa’ pagar la represión”, sino ¿quiénes y para qué podrían solventar armamento e instrucción para armar una Alianza Anticomunista Argentina?, solo podrían solventar imperios como Norteamérica y la Unión Soviética. Quienes también ponen todo lo que tienen a disposición para traccionar el golpe del ’76 (gracias PC, de verdad, gracias por todo: por delatar a los compañeros, por rajarte de las fábricas, por traicionar a los trabajadores, por ser tan antipatria).
Hecha esta introducción. Voy ahora al asesinato de Rucci, más que ligado a la masacre de Ezeiza. JP Feinmann, es lúcido y muy interesante, pero creo que se equivoca al decir que (cito de memoria): <el asesinato de Rucci a dos días que Perón asuma con el 60% de los votos fue un error gravísimo (o el peor error) de los montoneros”. Yo creo que fue una respuesta a la deconstrucción externa e interna, a José León Suarez y fundamentalmente a Ezeiza. Creo que no se puede tomar el asesinato de Rucci apartado de los 18 años de proscripción del peronismo y de la lucha de la resistencia, como tampoco se puede tratarlo como fuera de un contexto en donde se da. Los montoneros, en tanto organización armada y revolucionaria, aunque suene trágico, y como casi todas las fuerzas revolucionarias que han luchado por la liberación nacional, a la violencia responden con más violencia y negocian con sangre. Entonces, digo, el asesinato de Rucci es romper con Perón de la manera más obvia, pero también es demostrarle que ellos no habían luchado porque los maten como perros en Ezeiza y que lo de Trelew había calado hondamente en la lucha revolucionaria. No creo que haya sido el peor error que han cometido. Para el momento que se vivía políticamente, las masas no eran montoneras y menos socialistas, ¿se alejaban aún más de las masas los montoneros? puede ser, pero tenían que dejar en clara evidencia que Perón había venido a la unión de las clases y no a la liberación del imperio como decía en los mensajes desde el exilio.
Había vuelto para: instalar una unión de clases y eliminar al foco guerrillero (que él mismo había alentado) , permitir la libre intervención de Norteamérica en el mercado, gobernar con el viejo aparato justicialista y para meterse en el culo el trasvasamiento generacional. De todas formas, las masas no estaban con ellos. Las masas estaban con Perón. No con el líder del ’46 que se pensaban, sino con otro, con un Perón que aniquilaba a una juventud que había permitido su regreso, una juventud que luchaba de forma revolucionaria, popular y defendía al pueblo, y que en definitiva, era la que había logrado que ese pueblo ahora pueda votarlo en elecciones libres. Una juventud que luchaba por su pueblo y porque el líder, al cual el pueblo quería, vuelva a su patria. Un líder que, años más tarde, les dió la espalda, los llamó terroristas, creó un aparato para fusilarlos, utilizó la prensa para agraviarlos y, como no podía ser de otra manera, les puso el pueblo en contra.
Es verdad también que, justamente por toda esa demonización que había sobre las fuerzas armadas, matar a Rucci – el hombre fuerte de Perón – era política y militarmente contraproducente, ya que favorecía a los sectores cegestistas y le daba a Perón la libertad y la razón para hacerlos mierda, mandarlos a fusilar, perseguirlos y, en definitiva, quitarles por fin, cualquier tipo de racionalidad en su accionar. Ahora ya no serian la JP revolucionaria comandada por el gran líder, sino que serian unos locos, terroristas, los malos de la película, los que no quieren la paz, y los que, si mataron a Rucci – que era un padre de familia, un tipo de barrio, un amigo del viejito- mañana podrán matar a doña rosa sin ningún problema porque su amor son las armas, las balas y la sangre de todo el que consideren su enemigo.
¿No asesinar a Rucci era garantía de que las balas no caerían sobre el peronismo de izquierda? O ¿No asesinar a Rucci era garantía de que Perón no ponga más fichas en ensañarse con la juventud que lo hizo volver? Ezeiza había sido el claro ejemplo de que Perón no quería mas a ninguna juventud que le dispute poder. Aquí en el país, único e incuestionable, debía conducir él. Y Perón era Perón. No estaba para consultarle nada a nadie. Solamente una mujer lo pudo domar, pero no por amor, sino porque esa mujer era tan o más querida por los humildes como lo era Perón por los trabajadores. JP Feinmann pensó (va de memoria): “la muerte de Eva para los humildes y los desamparados es trágica porque sienten que ya nadie los va a cuidar como ella. Por eso la lloran de esa manera, la lloran como si perdieran una madre. Para Perón, la muerte de Eva, es un hecho político”.
De todas formas el asesinato de Rucci es una realidad. Las balas de Perón para la tendencia revolucionaria también. Lo que queda es poner en la balanza. Eran momentos donde los actores políticos de un lado o del otro, se desbordaban. Pero la resistencia peronista y las organizaciones armadas peronistas revolucionarias que nacen a fines de los 60 venían levantando los caídos de muchos años: golpe del ’55 – en el ’56 los fusilamientos de J.L Suarez – la proscripción del partido – el Cordobazo – Trelew – solo por nombrar algunos hechos trágicos y que han marcado a fuego a esa militancia.
Después de todo “operación traviata” era mostrar que la traición el viejo la iba a pagar caro. Aunque luego, en el terreno militar, el accionar de las fuerzas parapoliciales, la armada y la policía acabaran con años de lucha y proyectos revolucionarios sin muchas bajas propias.
Otra historia habrá que contar cuando hablemos de los cabecillas revolucionarios que alentaban la contraofensiva en el ’78-’79 desde afuera del país.
Salvando las distancias, alguien digno de ajusticiamiento, un gran valor de la política Argentina y una de las contradicciones más grandes del gobierno Kirchnerista, es el mediático, reaccionario y golpista: No señor JULIO CLETO COBOS. ¿Qué hacía como vicepresidente este traicionero? ¿Por qué bancamos a estos perejiles? ¿Si la 125 no llegaba al congreso, nos dábamos cuenta de que había un tipo como Cobos en un puesto NO menor como la vicepresidencia? Luego de la 125 y también (no sé porque razón) durante las largas colas del velorio de Néstor, escuchábamos – no felices pero si con un aire a victoria (tampoco sé porque) - “Cobos Traidor saludos a Vandor”. Los monto gritaban “Rucci traidor saludos Vandor”. Cobos había muerto políticamente. Rucci físicamente.
Rucci no tuvo la misma suerte que Cobos. Tantos años de lucha revolucionaria, de preparación, terminaban con una traición demasiado grande como para dejarla pasar: alguien tenía que pagar el costo: Rucci, el elegido. No elegido al azar, sino que la mano derecha de Perón fue uno de los participes necesarios para instrumentar las fuerzas parapoliciales y el accionar de las fuerzas de choque del estado contra la juventud socialista, para desbaratar la revolución, para ejecutar la masacre de Ezeiza, y para, trágicamente, hacer entrar al país en una debacle económica-política-social-cultural que se iba a efectivizar y hacer fuerte con el golpe del ’76.
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